Mejorar la cuenta de resultados en el medio y largo plazo con ALM

En nuestro blog ya hemos hablado largo y tendido sobre la regulación del sector bancario derivada de la grave crisis financiera iniciada a mediados de 2007, esto es, de la nueva normativa surgida de Basilea III -ver Regulación en el Sector Bancario: Basilea-. Además, contamos con numerosas entradas dedicadas a los informes surgidos a partir de esta nueva regulación en el ámbito del ALM, por ejemplo, aquí o aquí entre otros.

Pero en el ámbito del ALM no todo es regulación. Si bien es vital tener una infraestructura tecnológica avanzada que le permita a la entidad cumplir regularmente y de manera robusta con los requerimientos regulatorios, el fin último debe ser mejorar la cuenta de resultados en el medio y largo plazo.

Dicho de otra forma, la verdadera importancia del ALM reside en la buena gestión de la información del balance y, es aquí, donde entran en juego los informes de gestión del riesgo de liquidez y del riesgo de tipo de interés.

En este caso, les vamos a hablar de uno de los informes más empleados en la gestión del riesgo de liquidez: el horizonte de liquidez. Este informe refleja la capacidad de la entidad para afrontar sus compromisos de pago a lo largo del tiempo y bajo diferentes escenarios de estrés. Para ello, emplea los principales flujos de entrada y salida de liquidez de la entidad.

Concretamente, la información contenida en este informe se puede agrupar en cuatro grandes bloques:

  • Liquidez disponible: engloba el efectivo, los depósitos en bancos -tanto en el banco central como en otros bancos- y los activos financieros de la entidad -renta fija y renta variable-
  • Financiación mayorista: esto es, las emisiones que haya realizado la entidad -tales como letras de crédito, bonos o pagarés-, la captación mayorista, el interbancario neto y cualquier otra deuda contraída con contrapartes mayoristas
  • Financiación minorista: recoge la captación minorista
  • Financiación contingente: agrupa los contratos de fuera del balance que suponen un riesgo potencial para la entidad

Pero la clave de este informe pasa por la buena definición de los escenarios de estrés que consiste en establecer los porcentajes de salida de clientes minoristas y los factores de renovación de la financiación mayorista, así como, en qué medida se van a producir salidas por los compromisos contingentes y el comportamiento de la liquidez disponible.

Normalmente, se establecen tres tipos de escenarios de estrés estándar y luego se definen ad-hoc todos los escenarios que requiera específicamente cada entidad. Estos tres escenarios suelen ser:

Crisis idiosincrática Se trata de una crisis reputacional de la propia entidad. Esto puede derivar en una bajada de la calificación crediticia de la entidad que afecte a la financiación mayorista y a una salida de clientes minoristas; poniendo en jaque la liquidez de la entidad
Crisis sistémica país En este caso, es el país donde la entidad lleva a cabo sus actividades el que sufre una crisis económica que eleva la incertidumbre y aleja a los inversores. Además, en el sector financiero suele ser especialmente sensible a las crisis económicas por lo que también puede afectar a la actividad con los clientes nacionales que aumentan su desconfianza sobre el sector
Crisis híbrida Este escenario es mezcla de las dos casuísticas anteriores

 

No obstante, en las grandes entidades financieras con implantación mundial es aconsejable contar con un escenario de crisis sistémica global. En este escenario, se reflejarían las consecuencias de una crisis a nivel mundial similar a la que tuvo lugar a mediados de 2008 con la caída de Lehman Brothers y que representó el momento de máxima tensión en el sector financiero mundial.

Dados estos escenarios, la entidad debe contar con un Plan de Contingencia bien definido y actualizado en el que se detallen las políticas a llevar a cabo, y el orden de aplicación de las mismas, en el caso de que se dé cualquiera de las situaciones mencionadas anteriormente.

Por último, en la elaboración de cualquier informe interno de manera detallada, en este caso de gestión del riesgo de liquidez, es vital conocer las peculiaridades del negocio en el que se desenvuelve la entidad para la que estamos trabajando.

En próximas entradas, trataremos la elaboración de otros informes internos en el ámbito del ALM. Por supuesto, cualquier duda o sugerencia, estaremos encantados de recibirla.

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