El mundo de los seguros avanzado

En una entrada anterior comenzamos definiendo de una manera sencilla las principales características del negocio asegurador. En dicha entrada destacamos, como aspecto clave del negocio asegurador, el concepto de la prima de los seguros.

La prima

Con el pago de la prima por parte del tomador, el beneficiario del seguro -ver diferencias entre tomador, asegurado y beneficiario en la entrada anterior– adquiere de manera inmediata el derecho al cobro de una indemnización, previamente definida por contrato, en caso de que el siniestro cubierto suceda.

Por parte de la entidad aseguradora, con el cobro de la prima nace de manera inmediata la obligación del pago futuro de la indemnización por el siniestro cubierto.

Esta obligación futura constituye la partida de pasivo más importante de las entidades aseguradoras, recogida en el epígrafe de las provisiones técnicas.

El Reglamento de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados establece que las provisiones técnicas deberán reflejar en el balance de las entidades de seguros el importe de las obligaciones asumidas que se derivan de los contratos de seguro y reaseguro y que además se deberán constituir y mantener por un importe suficiente para garantizar tanto las obligaciones derivadas de los contratos como para mantener la estabilidad de la entidad aseguradora frente a oscilaciones aleatorias de la siniestralidad.

Por tanto, lo que es un flujo constante de capital entrante en las entidades aseguradoras a través del cobro de la prima, debido a las características propias del negocio asegurador genera la inmediata constitución de un pasivo, correspondiente a la obligación de pago futuro y materializado en provisiones técnicas. Con la generación de esta obligación de pago, es evidente la necesidad de que exista un activo que garantice el pago futuro de indemnizaciones manteniendo la estabilidad financiera de la entidad aseguradora.

La entidad aseguradora

Como bien es sabido, una entidad aseguradora es una entidad financiera y, por tanto, su comportamiento y estructura de balance es similar al de una entidad bancaria. Pero únicamente similar. Debido a las características del negocio asegurador, existe una gran diferencia entre aseguradoras y entidades bancarias:

El vencimiento medio de su balance.

En una entidad aseguradora con negocio de Vida y No Vida, el vencimiento medio de su pasivo será elevado y, por tanto, las coberturas realizadas serán, evidentemente, a largo plazo. Si se analizan las inversiones -activo- de las entidades aseguradoras se observará una gran presencia de bienes inmuebles y de renta fija con vencimientos, mayoritariamente, a largo plazo. Evidentemente, esta afirmación depende de las características del negocio de cada aseguradora y de la mayor o menor presencia de seguros de vida o no vida en el negocio de las entidades.

Si bien es cierto que, en los últimos años, la gestión de riesgos ALM en las entidades aseguradoras está promoviendo, como no podía ser de otra manera, una mayor orientación a la optimización de valor, separándose de la tradicional visión de cashflow matching que durante años se ha seguido en el sector asegurador como base para la gestión de riesgos ALM. Esta nueva visión o interpretación de ALM ha generado que en los últimos años se haya modificado la política de coberturas e inversión en las aseguradoras y con ello se haya modificado el valor y cálculo de las provisiones técnicas. Conviene aclarar que las provisiones técnicas se valoran en base a la rentabilidad obtenida de los activos.

La gestión de activos y pasivos -ALM- está implícita en el negocio asegurador y presenta los mismos riesgos, con matices, que se pueden encontrar en el negocio bancario. Riesgo de tipo de interés, riesgo de tipo de cambio, riesgo de liquidez e incluso riesgo de crédito están presentes también en el negocio asegurador, en mayor o menor medida. Desde mi punto de vista, es positivo que el negocio asegurador adopte esta gestión de riesgos ALM más activa, que busque la optimización de valor y que, a pesar de la exigente y estricta regulación, aporte nuevas técnicas de medición y valoración de su balance y sus riesgos asociados, al igual que hacen, o están empezando a hacer, las entidades bancarias.

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